El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, es el nombre de una novela del escritor peruano Bryce Echenique. Em mi caso la Octavia brilla por la ausencia, yace en cama mientras yo espero que despierte
Llegará el día
... Solo por la leve sospecha, por la melancólica, nostálgica, absurda e invencible esperanza de que despiertes un día, y decidas adornar mis letras con la magia de tu mirada triste...
Solo por eso, solo para eso, como todo, como siempre, estoy aquí...
Recuerdo que ofrecía, Danielita mia, hablarte, recordarte, vivir contigo en tu silencio absurdo, el día ese de tu primer beso, de la forma en que tus labios temblorosos se juntaron con los míos ansiosos, pero no se si pueda hacerlo, no se si consiga dejar de pensar en muchas cosas que alejan de mi las imágenes de esos días en que tus ojitos se mantenían abiertos siempre, para soñar conmigo aunque no durmieras conmigo, para soñar conmigo aunque conmigo no estuvieras...
Me contaste que después de besarnos, entraste a toda velocidad a tu cuarto, y te sentaste frente al espejo, y miraste dentro de tus ojos, y sin creerlo del todo, te parecía encontrar emoción y alegría en ellos, y te daba vergüenza, no podías olvidar que no pudiste aguantar tu respiración tanto tiempo como mis ansias por devorar tu frescura parecían exigir... "tonto, yo no sabía que había que respirar por la nariz..." me dijiste después, años más tarde mientras al oírte mirándote, mi cuerpo entero, con mi alma toda, con mi vida íntegra, todos, nos moríamos de amor...
Es que Danielita, cada vez te siento menos mía, más lejana, casi como si estuvieras cambiando, ahí, recostada, los ojos cerrados, impenetrables, como cerrados para siempre (nunca creí en parasiempres, excepto el nuestro)... Y empiezo a sentir que el que cambia soy yo, que el que se debilita soy yo, que ya no se si es bueno para ti, eso de esperarte, eso de quedarme así, discreto, "quietecito " hasta que decidas mirarme de nuevo... No!, nada tiene que ver con que el amor se me haya acabado, no es nada de eso, más bien siento que eso aumenta, crece dentro de mi, pero cada vez siento más inútil todo, cualquier cosa, como si tus ojos se cerraran con mayor decisión a cada intento mío por abrirlos, incluso si es que consideramos intento, quedarme mirándote en silencio y sin que nadie se de cuenta de ello...
Y te besaba de nuevo, cada vez que me recordabas ese día, cada vez que mi mente iba dibujando, con la ayuda de tus palabras, cómo había sido ese beso, ese primer beso de tus labios, ese primer acercamiento, cuando intentaste aguantar la respiración, seguramente muy sorprendida de esos besos larguísimos de la TV... Fueron detalles como ese, los que hicieron que tu amor, ese amor de niña entrara en mi... Detalles como ese que mis ojos cerrados guardan por siempre...
Mi amor, despierta... Déjame besarte aguantando mi respiración, déjame besar tu infinita ternura y correr a mirar en un espejo cómo se ve la alegría de los ojos, deja que mis manos te recorran la carita, te adivinen de nuevo en cada centímetro, deja que mi respiración cerca de tu espalda converse con tu alma, deja que te abrace, solo deja que te abrace...
Y luego, cómo habrás pasado momentos de vergüenza, al tratar de decirme que no sabías cómo se hacía para besar, y yo, en mi torpe arrogancia, cómo habré hecho para enseñarte, y cómo habrá sido que terminé aprendiendo de tus besos después, cómo habrá sido que me enseñaste a besar con el alma, como nunca antes lo había hecho, desde adentro, hablando, gritando con el silencioso y suave caminar de mi lengua por tus labios, buscando tu lengua indecisa, cómo será que tuviste que ser tu, niña de ojitos cerrados ahora, quien me enseñó a abrazar con los besos, a querer con los besos, a hablar así, en silencio, con suspiros, con respiraciones, con movimientos, con los ojos cerrados, y yo, torpe como el que más, cómo será que aprendí, y cómo será que luego, casi olvidando todo esto, te besaba instintivamente, como si hubiera nacido sabiéndolo, y nunca te lo dije amor, tu me enseñaste a besar, tu fuiste quien me entregó la forma de hablar así contigo, fuiste tu, así, con los ojos cerrados para sentir más...
Y ahora, tus ojos cerrados no me hablan, no me hablan ya...
No se si pueda hablarte de ese beso primero Danielita, no se... Es que tengo dolor, tengo rabia, tengo decepción, tengo angustia, no quiero resignarme a nada, no quiero aceptar nada, no quiero recibir la bendición del tiempo que lo cura todo, no quiero esperar nada, no quiero dejar nada, no quiero pasar nada, no quiero buscar, cambiar, re-pensar, mejorar nada; te quiero a ti, te quiero conmigo, quiero mirar tus lágrimas tímidas y tu sonrisa al saberte casi llorando con alguna escena de alguna película, quiero reír contigo cuando te des cuenta que estoy igual y que mis lágrimas solo esperan ver caer las tuyas para llenarse de libertad, quiero verte mirándome, quiero mirarme en tus ojos abiertos, quiero sentir cómo me guardas en ellos cuando los cierras, quiero sentirte temblar cuando te hable cerca del oído, quiero revivir tu carcajada, quiero entrelazar mis dedos con los tuyos, y sentir que como raíces me crecen y abrazan, se alimentan, quiero abrazar tu delgadez y sentirme fuerte, quiero saberte protegida conmigo, quiero mirarte contenta, quiero devolverte la esperanza, quiero devolverme la esperanza...
No diré nada más por ahora, no vale la pena... Intentaré entrar en tus sueños de nuevo, y ya veremos mañana que sucede... Como dije alguna vez, a lo mejor la vida me dio muchos años de alegría, y ahora, por simple lógica matemática, me toca vivir y compensar lo bien-vivido...
No tengo nada... Nada. Esta vez, Danielia mia, quiero que el castellano de la traducción de esta escena diga lo que siento... En algún lado leí que el dolor se dice callando... Solo copiaré para tus ojitos cerrados lo que dice Atilio el poeta al viejo médico que no recuerda cómo hacer glicerina...
Léelo con atención, y espero que si tienes preguntas, me las hagas con total confianza, como siempre...
"Señor, necesito esa glicerina. Ya sé que lo sabe, pero si no la consigue, MI AMOR se morirá, y si se muere...... para mi toda esta puesta en escena del mundo que gira y gira, pueden desmontarlo y llevárselo. Pueden desclavarlo todo, enrollar el cielo y cargarlo en un camión, y luego pueden apagar esa luz preciosa del sol que me gusta tanto tanto... ¿sabe por qué me gusta tanto? Porque ella me gusta iluminada por la luz del sol, tanto... Se lo pueden llevar todo... alfombras, las columnas, palacios, la arena, el viento, las ranas, las sandías maduras, el granizo, las siete de la tarde, mayo, junio, julio, la albahaca, las abejas, el mar, los calabacines, los calabacines... Encuéntreme la glicerina... encuéntremela, encuéntremela... "
El dolor que se siente es casi una cosquilla, es mayor el miedo por el dolor que el dolor en si mismo, el filo es suficiente para señalar la piel, para poner una línea nada imaginaria pero tan artificial como los límites entre países y dejar a un lado, todo mi cuerpo, que es tuyo desde que aprendí a sentir con la piel, y mi mano, que tanto recuerda las tuyas apretándome. Tus manos mías de dedos delgados.
Tengo miedo, siempre tengo miedo, y es la pura verdad, no quiero dejar de vivir, me gusta la vida, me gusta reír, aunque se me haga difícil, me gusta comer chocolate, me gusta escuchar música, y contrario a muchas personas, yo no tengo ni un gramo de fe en la vida después de la muerte, es más, la muerte en si misma me atemoriza, a pesar de saberla un paso más, solo un paso más.
La sangre, profusa al inicio buscaba forma de salir, no se encontraba a gusto prisionera de la vena que quedó mal herida, poco a poco sentí una especie de dolor, un poco raro, no se si podría llamarse dolor, era como un ardor, pero si era molesto. El miedo se apoderó de mi otra vez, y la camiseta que llevaba puesto, aunque ya estaba empapada de mi alma que momentos antes había intentado derramarse por mis ojos, sirvió para evitar mancharlo todo de rojo. Apreté mi muñeca con la ropa, enseguida me sentí algo mejor y evidentemente la sangre no tenía ya, apuro por dejarme.
Es que te miré Danielita mia, te miré por muchos minutos, y todo el amor que sentí al inicio, cuando empecé a mirar que tus ojitos, tras la seda de tus párpados se movían y sentí que mi emoción empujaba la cascada que guarda siempre mi garganta, cuando sentí eso, decía, poco a poco mi cabeza comenzó, en contra de mi voluntad, lo juro linda mía, lo juro, a imaginar el resto de mis días sin ti, el resto de mis días sin los hijos que nos debemos, sin las mañanas que nos esperaban siempre, sin las noches abrazados hasta dormirnos, yo con calor, pero fingiendo estar muy a gusto y tu temblando del frío y abrazándome más fuerte, pues así me robabas el clima.
Solo quiero que deje de doler me decía, un poco incrédulo mientras pensaba que sería mejor hacer algo con la sangre, no quiero que duela, quiero que ya no duela, nada más. Pero fue en ese momento en que el miedo lo definió todo a favor de la continuidad de los días, el miedo lo decidió todo, tuve miedo y esta vez el miedo fue mayor que el deseo de eliminar el dolor.
Es que las imágenes, Danielita mia empezaban a entrar en mi cabeza, y me veía entonces llegando a Quito, todavía niño, en cualquier hora de la noche y el cielo estrellado tenía su contraparte en el suelo, también estrellado, lleno de luces, y no solo de un color, muchas luces, en el suelo como en el cielo, más cercanas éstas que aquellas tal vez, pero lo que si era seguro es que me gustaba llegar en la noche a Quito y salir de Quito en la noche. Siempre me fascinó el brillo de las estrellas en el cielo capitalino, y ver esas "estrellas" del suelo compitiendo con las verdaderas, hacía que mi mente de niño le diera cierto sabor mágico a los viajes de ese tipo.
Me veía, decía, sentado contigo a mi lado, en un bus cualquiera, llegando a Quito, entrada la noche y viajar mirándonos los ojos, como si leyéramos un cuento muy interesante, de esos que no te dejan despegarte de las letras, así me vi y me gustó tanto ese recuerdo que empecé a traerlo con más fuerza, y recordé como ese día nos miramos tanto y de tantas formas, de cerca, de lejos, con el temblor del bus, con lágrimas en los ojos a ratos, pues eso de no parpadear a veces produce lágrimas, y nos metíamos en los ojos del otro. Un beso, un abrazo, nuestras manos entrelazadas, y el cielo estrellado , y el suelo estrellado, y yo que te contaba de mis viajes de niño y tu que me mirabas como deben mirarse los ojos enamorados, y yo que me llenaba de ti la mirada. Mi mirada, Danielita mirada mía, tu eres mi mirada ahora que no me miras, eres tu mis ojos ahora que los tienes cerrados, y sin ti no quiero seguir, no entiendo los días si no es con tu sonrisa por ahí, si no es con tu mirada iluminando los cuartos oscuros de mi casa vieja, no puedo, no quiero, no siento que puedo.
Es que yo te fui conociendo de a poco, te dije, y te encantaba que te cuente cómo me "saludaste" esa vez en tu salón, cuando tus ojos para afuera dijeron "cállate imbécil", mientras tus ojitos para adentro Daniela niña, me decía todo el amor que me esperaba, y te reías, y tratabas en vano de traer a tu memoria algo de esos días en los que seguramente, tus muñecas y demás cosas propias de tu edad ocupaban gustosas tu cabecita despeinada. No se, decías, no me acuerdo de eso, Y claro, decía yo, y te besaba riéndome, claro, si por poco recibes a escobazos mi silencioso saludo de escolar, y tu risa lo inundaba todo, me llenaba de tu risa, respiraba tu mirada sonriente, me embriagaba de tus ojos tristes riéndose conmigo, nunca de mi, solo conmigo...
Y me preguntabas cómo fue la vez que empezamos a ser algo más que amigos, y me encantaba contarte-exagerarte lo que pasó ese día, desde lejos, por teléfono, a través del Oster (que así le diremos aqui) y con recados, como en los "te infantiles" que acostumbraban a hacerse en esos días, en lugar de los chupes de después, de las farras de más tarde.
Y te contaba que Oster contestó tu llamada, que tu no querías hablar conmigo, me aclaras, y que no mientas te digo, que tu sabías que yo estaba en la casa de tu prima K. en ese momento. Estás loco, me dices, sueña, te burlas de mi historia inventada, te ríes y lo niegas a morir, y aclaras que tu llamaste solo para hablar con tu prima K. y yo te doy gusto, aunque se que llamaste por mi, era obvio, te doy gusto y te digo que si, que llamaste solo por K. Y me callo contigo de testigo, me callo que desde antes me amabas, que me amabas siempre solo que no lo sabías...
Y Oster contesta tu llamada, y te dice que K. está ocupada en ese momento, (tus ojos tratan de recordar esos detalles para evitar que yo mienta e instale en la cabeza de los dos, la misma historia mía) y Oster intenta conversar contigo, huambra arisca, como te diría después el mismo Oster, y no con poca razón. De pronto me dice, mirándome a los ojos, que tu, Danielita mía, casi adolescente mía, has dicho que me saludara... Mi sonrisa hacia dentro se expresó con un mal disimulado gesto de serenidad hacia afuera, y dije: "salúdale también de mi parte", pensando que eso era suficiente para demostrar mi tranquilidad, mi abultada experiencia en cuestión de mujeres, después de todo, mis 14 años avalaban cualquier eventual arrogancia.
Así empezó Danielita mirándome a los ojos, así empezó esto nuestro que no parecía real. Y que Oster me dice que tu dices que yo te gusto mucho. Y que sin tener mi autorización, Oster dice a tus oidos ansiosos que yo he dicho que tu me gustas mucho, y que en realidad ninguno dijo nada, pero ambos creímos lo que Oster decía. Siempre lo supe, te digo, y te doy un beso apurado, y tu sonríes, pues sabes que miento, pero que me gusta pensar que el destino era el que nos manejaba, y que tu y yo sabíamos ya, que estaríamos juntos como sea. Y que te amaba tanto te digo mientras beso tus labios, y el bus avanza bullicioso, y que me pides que siga, que no me detenga, ¿con mis besos? pregunto sonriente, y me besas pero me dices que no, que con la historia, que siga inventándome el inicio de todo, te beso de nuevo y que vuelvo a la historia...
Así fue, pues luego de varios intercambios que nacían en la cabeza de Oster, tu y yo terminamos siendo novios, por teléfono, sin decirnos nada, y sin que haya sido verdad ni una sola palabra de las que Oster nos atribuyó pícaramente. Cuando Oster me dijo: "huambra, ven a hablar con tu novia, dice que quiere hablar con vos", casi tuve que abrazarme fuerte para evitar que el alma se me saliera del cuerpo. Tomé el teléfono, suspiré, ensayé cara de normalidad, casi burocrática, como si estuviera a punto de hacer algo que hago todos los días, claro, un Don Juan, no lo olvides amor, pasa por estos momentos todo el tiempo.
"Aló", dije, y tu voz linda desde el otro lado me decía "aló"... ¿Y ahora?, ¿o sea, que ya somos novios?, ¿cuándo nos vamos a ver?, ¿qué vamos a hacer?, ¿es verdad lo que Oster me dijo?, y ud, (porque en esos días tu eras usted mi niña linda, y yo era usted para ti) que me preguntabas lo mismo, y que poco a poco quedamos de acuerdo, como si estuviéramos cerrando un negocio, en que éramos novios. Tenías 13 años, apenas cumplidos o algo así, y yo, con mis 14 "bien vividos" nos aprestábamos a descubrir qué es eso que llaman amor.
Una semana después nos vimos por primera vez después del incidente del teléfono. Tu prima K. nos hizo dar nuestro primer beso, un poco a la fuerza para ti, que no lo podré olvidar. (el siguiente capítulo hablará de ese día, de ese beso, de esos días) Tan distinto a como uno se imaginaría, tan distinto a como uno esperaría, tan diferente a todo, tan niño, tan mágico, tan gracioso. Y me golpeas, y me pellizcas, mientras el bus sigue desenrollando el tiempo en cada curva, me pellizcas porque no te gusta (yo se que sí te gusta) que me burle de ese beso, de esos días, de ese tiempo, y te digo que no me burlo, que me encanta recordar, y que no pienso dejar de reconstruir ese tiempo para tenerlo siempre conmigo, que de verdad no me burlo, me parece lindo te digo, y finges no creerme, pero sonríes y vuelves a amenazarme con hacerme acuerdo de algún momento embarazoso si es que sigo tratando de revivir ese beso primero, y me besas y me abrazas, y suspiras riendo de nuevo...
Por estas imágenes Daniela azul como el mundo, solo por estas imágenes sentí miedo de dejarme en paz, de dejar de buscar, de dejar de caminar la vida, estas imágenes que te encantaría ver son las que me mantuvieron aquí, y aquí estoy ahora, avergonzado y con algo de susto, y casi prometiéndole a tus ojos cerrados que no lo volveré a hacer.
¿Te acuerdas de Pepita Q?. te digo, y sonríes de nuevo, me abrazas y tratas de pedirme solo con tu acercamiento perezoso que te deje dormir un poco, que el viaje, que el bus, que la noche, que el movimiento te hacen tener sueño, y yo, como siempre, hago el hueco en mi pecho para recibir tu cabeza que se acomoda perfecta ahí, y te rodeo con mis brazos, que ya se que terminarán amortiguados, y poco a poco duermes...
No sabes cuánto creo que me arrepiento ahora de todas las veces que dejé que durmieras al viajar así, me odio cuando recuerdo que dormías mientras yo arrimaba mi mejilla en tu cabeza, y cuando recuerdo que tus pelitos me ocasionaban una horrible comezón que hacía imposible mi tímida incursión en el terreno de "querer dormir"... Me arrepiento porque ahora duermes más, y perdí esos momentos en los que pude besarte, en los que pude hacerte sentir mi abrazo, en los que pude haberte hecho reir como siempre...
No se, a lo mejor la verdad sea que no me arrepiento, después de todo, tenerte dormida en los brazos era espectacular, me encantaba, aunque no esperaba a que estés bien despierta aún, para empezar a molestarte con eso de que eres ociosa, y con eso de que mis brazos no se pueden mover por tu culpa...
Ya despierta Danielita, por favor, ya has dormido demasiado, falta un mes y habrás dormido un año... Yo que pensaba que esto no iba a durar ni una semana, yo que pensaba que la ciencia estaba loca, y que después de un día, de dos días, o tres, tus ojitos iban a abrirse de nuevo, conmigo dentro, como siempre, como antes, como mi sueño único, y como el tuyo...
Palabras de mujer, expresadas el jueves (tenía que ser jueves) 4 de junio, a propósito de un mal actuado bien-estar del que suscribe...
Cuando me encontré con ella, la llamaremos simplemente YdM, después de casi un año de no saber nada excepto las palabras de saludo que el flaco Luis, un amigo en común me hacía llegar, en un día cualquiera, y que a mi se me antojó más por el afán de llamar la atención y "ser tomado en cuenta". Graciasflaco le dije, ¿y cómo está ella?, -¿Cómo?, ¿cómo está ella?, repitió el flaco, exhibiendo su sonrisa de ocultar más de lo que decía al final: Pues linda, como siempre... jajaja, lindísima tonto, muy linda gran tonto...
- Muy cariñosos saludos para ti, dijo al final, acentando y sonriendo más cuando llegaba a la parte de "muy cariñosos".
Es que el flaco sabía que YdM, siempre dijo estar enamorada de mi, yo nunca lo creí, aunque siempre hubo algo en su forma de hablarme y mirarme, que me "decía" cosas, siempre tras las palabras reales, muy parecidas a lo que el flaco no se cansaba de repetirme, seguido de su clásico "gran tonto".
Cómo estás, esa fue la primera frase que YdM dejó salir, luego de mirarme mucho y escucharme saludarle sin ocultar mi emoción y gusto por verla tan linda y a los tiempos. Yo sentía que tenía tanto que decirle y me llenaba de cosas lindas mientras una a una mis palabras iban dejando mi cuerpo. "hola, que linda estás, que bueno verte, voy a reconsiderar mi idea de odiar los jueves y maldecirlos siempre al ver el sol anunciando el nuevo día"...Cómo estás fue toda su respuesta a mi forzado saludo.
Bien, bien, sin novedades (mi padre decía siempre "sin novedades" y los hijos sabíamos que eso bien podía significar que en efecto, nada es digno de ser contado, o que por el contrario, hay cosas muy dolorosas que, por eso mismo, no serán contadas) le dije sin dejar de mirar dentro de sus ojos que siempre parecían alegrarse de mirarme. Vamos, monopolicé el uso de la palabra, ven, acéptame una cerveza, quiero escuchar tu risa... Tonto dijo, pero caminó trás de mi hasta el bar más cercano, en el centro del centro de Quito.
Como estás pregunté, y la verdad más era una forma de decir algo, pues repentinamente sentí que no quería decirle nada, que fue lindo verla pero que todo lo demás iba a suceder "de gana", por no saber identificar el momento adecuado para terminar un encuentro feliz... Bien me dijo, con un tono un poco triste y que contradecía sus palabras, su mirada estaba fija en la copa de canela (no quiso cerveza, y yo sentí que era mejor así, pues la canela la sirven no caliente, sino ardiente, y la noche quiteña demostraba que la palabra "frio" tenía su verdadera existencia en la "carita de dios")... Bien bien, y alzó su mirada, como buscando mi aprobación. Mis ojos, que hacia adentro se encontraron con tus ojitos cerrados mi Danielita de siempre, deben haber lucido un poco confundidos cuando sentí sus ojos escrutándome mientras me preguntaba: -cómo estás tu andrés? (las minúsculas son para que nadie piense que ese es mi verdadero nombre)... e insistía: ¿cómo estás tu?...
YdM, sabía mi historia contigo Danielita, y lamentó mucho cuando se enteró que tus ojitos decidieron cerrarse para mi, y sin aconsejarme nada, me dijo que si yo quería esperar a que tu volvieras a mirar, a mirarme, estaba bien, que ella creía que si nuestro amor, mi Danielita linda, era verdadero, algún día tus ojos volverán a abrirse y ahí tendré yo mi recompensa... El amor no espera ni quiere recompensas le dije yo en esa ocasión, haciendo gala de mi absurda ingenuidad en el tema , lo que se, es que la amo, y siento que un día despertará, y quiero de verdad y con lo que me queda de alma, que si eso sucede, si mi Daniela despierta, sea yo y mis ojos, y mis brazos lo primero que vea y sienta.
Ella solo asintió en esa ocasión, estuvimos de acuerdo en que sería un tiempo duro, estuvimos de acuerdo en que si tu no despiertas pronto, mis días serán más difíciles cada vez, estuvimos de acuerdo en que fue bueno vernos, y estuvimos de acuerdo, en esa ocasión, que lo mejor era despedirnos y desearnos buena suerte. Así lo hicimos...
Casi un año ha pasado de ese día, y ahora, cuando ella me pregunta cómo estoy, y antes de que yo responda con el automático "bien, sin novedad", ella, como anticipándose a mi mentirosa frase,
repite: ¿cómo estás?, con un doloroso acento en la palabra cómo, que me golpeó por dentro. Creí salir bien librado con mi actuación digna de mejores causas, y no me di por aludido con la pregunta. Dejé salir un débil: "bien bien, sin novedad" (si YdM hubiera puesto atención al hecho de que fueron dos "bien" y no solo uno, como era mi costumbre, talvez no hubiera pasado lo que siguió) Mmm dijo, como dudando y casi prefiriendo creerme, y yo sonreí, ¿mmm?, ¿que es eso?, ¿dudas acaso?... Sin saberlo, estaba cavando mi propia tumba. Te noto triste andrés. No eras así...
Cuando pronunció esas palabras sentí como si un brazo mecánico pretendiera hacer un hueco (¿zanja la llaman?) en mi cuerpo y entrar y arrancarme todo, de un solo tirón. Sonreí, casi de forma automática, pero mis ojos ya lloraban por dentro, disimulé un suspiro carraspeando, vino un sorbo hirviente de canela (en realidad puntas con agua y algo de sabor a naranjilla, todo bastante más caliente de lo que una garganta normal puede resistir sin quejas) y el respectivo conjunto de quejas de mi parte, sonrisas de ella por mis muecas, y sonrisas mias por sus sonrisas, siempre bienvenidas...
Me encanta cuando ries le dije, Me da envidia, siempre sentí envidia. A lo mejor por eso me gustaba estar contigo, para robarte la técnica de reír... Volvió a reir, pero yo no había, ni de lejos, ganado en esta ocasión, pues después de beber de su copa YdM dijo, estás triste, no eras así, en serio te digo...
Pensé que el anterior, solo había sido un golpe de suerte, y que el conteo del juez me había salvado de verdad, la próxima, me dije, mi guardia no estará baja, y veré el golpe acercarse a tiempo para esquivarlo, pero no, ella no se rendiría, y cuando me volvió a decir eso, supe que el primer golpe sirvió para abrir mi guardia de forma notoria, y YdM no iba a permitir que ni el juez ni la campana, me mantengan en pie, ella sabía que era artificial mi verticalidad.
No, le dije, intentando un tímido avance, no creo estar nada, me duele un poco mi rodilla, ya sabes, el fútbol, y quizá me tiene un poco molesto, no triste, la idea de que mi inminente retiro de las canchas (lo dije así, porque burlarme de mi mismo es saludable) se acerca implacable. Volvió a sonreír, pero su mirada implacable buscaba más sangre, sabía que mi resistencia estaba muy debilitada, sabía que al siguiente golpe mi derrota sería un hecho... Otro sorbo de canela, cada vez menos hirviente y menos fuerte y mis ojos que huían de los suyos, y un temblor de todo el cuerpo que parecía delatar mi miedo...
Ya no soy un niño, sabes?, antes me recuperaba rápido de las lesiones, no quiero que pase el tiempo, no me gusta... Ya se que me vas a decir llorón, siempre lo haces cuando empiezo con mi pesimismo vital... No hubo respuesta, solo su mirada que me fulminaba, y ya no hubo más que un ensayo de sonrisa, casi piadosa por mis absurdos intentos por esconderme de ella y la verdad.
Por eso digo que no es una buena idea hablar del fútbol, le dije, intentando una vez más que sonriera, pero esta vez logré que se levante de la mesa. ¿que pasó?, pregunté, de verdad que no diré una sola palabra del fútbol, no te vayas, ¿qué pasó?... Esta vez su sonrisa fue completa, no es eso bobo, me dijo, no me gusta el fútbol, pero me gusta oirte y tu lo sabes, solo voy a comprar un tabaco...
Mi instinto me hizo levantarme de una salto (bueno, si mi rodilla y su estúpido dolor me lo hubieran permitido eso sería verdad) y decirle que no, yo voy a comprar, tranquila, quédate, no me tardo. Yo se, no estoy sintiendo que yo te pago, ya se que no hace falta, ya se que tu no esperas que yo pague tu cuenta, ya se que tu misma puedes hacerlo...
... YdM, puedes por favor permitirme el placer de comprar (si quieres dame tus 25 centavos)un cigarrillo que luego será fumado por ti?, me das esa pequeña alegría por favor?... Ante mi impertinencia, ella accedió y ocultó su afán feminista por un momento, mientras yo sentía que definitivamente triunfé y logré dejar el tema de mi tristeza para otra ocasión, o quizá para nunca, pues mi Danielita pronto despertaría y este año solo sería recordado como una pequeña pesadilla.
Al volver, con el cigarrillo en la mano, mientras ella, sin dejar de mirarme, buscaba su encendedor, me di cuenta de que mi canto victorioso fue prematuro y por demás falso. Ella estaba lista para dar el golpe final. El inminente KO me esperaba en la mesita, en la que estaba YdM, mi amiga, madre de un hermoso niño, y esposa de un imbécil, y siempre tan queríendome tanto, ella era la elegida por el destino para dar el golpe. Sentí miedo, no lo niego, pero ya era tarde, estaba sentándome frente a ella, y mostrando una valentía que no tenía, y con mi mirada casi desafiante dije: ¿estás fumando mucho? (casi no pude evitar reirme de mi mismo, por el patético intento de cambiar de tema), ella solo me miró y no ocultó su sonrisa, No, no se, unos dos o tres diarios máximo, y hay días en que no fumo nada...Mmm dije yo, en mi casa, que bestia, mis papis si que fuman, me da miedo que les pase algo, y ¿es raro no?, mis hermanos y yo, ninguno fuma, o sea, rompemos de algún modo esa "teoría" de que el ejemplo es lo más importante en el tema de los vicios...
Mi intento me pareció el colmo la verdad, y YdM estuvo de acuerdo, pues no emitió ningún comentario, ni sobre el cigarrillo, ni sobre el vicio de mi mami y mi papi, ni del hecho que ninguno de mis hermanos o yo fumemos, un poco porque esa parte de la historia ella la conocía de memoria, y otro poco porque sus palabras siguientes estaban siendo ensambladas dentro de su maligna cabeza.
¿No me quieres contestar en serio verdad?, si prefieres cambio el tema y hablamos de lo que sea, y hacemos como que lo de la pascualina nunca pasó y que todo está bien...
(Pascualina... Siempre te dijo así Danielita mia, un poco por molestarme a mi, y un poco porque quizá te odiaba, Pascualina... Mi pascualina linda, ya deberías despertar, tengo mucho que decirte, tengo mucho que contarte y tengo mucho que cantarte, las películas no son lo mismo sin ti, comer sin ti no tiene sabor, caminar la calle sin tus quejas es muy triste, quedarme en la cama y saberme sin ti, no tiene esa magia que me hacía sentir que la vida es digna de ser vivida... Solo abre tus ojitos, ábrelos ya, ha sido suficiente, ya el mundo aprendió que sin ti no se puede...)
Es que no me gusta hablar de eso, me pongo bobo YdM, y créeme, ni tu ni nadie merece que yo esté bobo, soy un animal cuando me pongo bobo, mira esa señora, ahí, en el mostrador dije, indicando a una señora que pugnaba por un lugar en los baños, mira, esa señora no me ha hecho nada, no creo que merezca verme bobo, ni ese chico, míralo... Ya andrés me dijo, con una sonrisa, ya basta, solo no hablemos y ya, cuéntame cualquier cosa, miénteme que estás bien, que no hay novedades, hazlo, yo entiendo, está bien... y Sí, si eres un niño...
.... YdM, mira, no, está bien, tienes razón, o sea, contigo no puedo hacerme el loco, es verdad no me siento bien, pero ya pues, ya me pasará o ya me acostumbraré, yo solo quiero que ella despierte, y no creo a nadie cuando me dicen que es definitivo, que ella ya no está, que ella no despertará, pero de verdad YdM, prefiero no hablar de eso, no ahora, hoy es jueves y eso es como mi criptonita, y mira que de súperman, no tengo nada, ni los colores, porque tu sabes que a mi me gusta el negro... Más como batman...
Ese, andrés, fue el peor intento por cambiar un tema que he visto en mi vida dijo casi sonriendo, y terminó: Está bien, yo entiendo, otro día hablaremos de eso si es que quieres...
Y luego lo dijo. Yo debía saber que la conversación no acabaría sino con YdM dejando en claro que Ella diría la última palabra... :
Pero sabes, es verdad, estás triste, antes tenías una mirada más feliz....
Pdta: Me dio gusto verte YdM, de verdad, espero que todo esté bien contigo, y gracias como siempre por todo...
... Y después...
Miento si digo que en el instante en que terminó de decirme eso, no sentí que detrás de mi mirada, aquella mirada que a mi amiga antes le parecía "más feliz", se formaba un océano no-pacífico de lágrimas, miento si digo que no tuve dudas, si digo que no quise ir a mirar dentro de un espejo y descubrir que ella mentía, pero el miedo de mirar y saber que es verdad me detuvo, miento si digo que fue una conversación como cualquier otra, no solo por ella, que siempre fue agradable de ver, sino por que cuando ella dijo que me notaba triste, que me recordaba un poco más feliz, o un poco menos triste, y que mi mirada era más feliz antes, de verdad que me sentí desnudo. Violentamente desnudo.
No quiero ser triste Danielita mia, no quiero. Puedo estar, eso es normal, a todos nos pasa alguna vez, pero ser, eso no quiero... Ser y estar en nuestro lindo idioma no son la misma cosa. ¿Estoy triste?, si, estoy triste, pero ¿soy triste?, ¿soy triste desde que cerraste los ojitos?, ¿la gente me ve y dice: "mira, ese tipo es triste"?...
Yo siempre pensé que el mundo tenía tristeza por todas partes, que el azul del cielo, que el azul del mundo mismo era un poco triste, no se, a lo mejor mis días eran tan llenos de alegrías cotidianas que nunca pensé merecer, y me inventaba tristezas, solo para lograr equilibrio, ya sabes, como para no sentirme mal de disfrutar tanto y saber que hay gente que sufre tanto. El mundo tenía sus tristezas pero todas eran nada Danielita, porque estabas conmigo para vivirlas, estabas a mi lado para hablar sobre ellas, estabas conmigo para evitar que me mortifique demasiado por ello...
Lo cierto es que hoy, a menos de dos meses de cumplirse un año de que decidieras cerrar los ojos Danielita mía, dormilona, perezosa y linda mía como siempre, me siento triste y siento que soy triste desde ese último día de julio del año pasado, y las palabras de YdM, me golpearon muy fuerte, me tienen pensando en todo esto que se llama vida... ... ... ...
¿Qué tenía que ver contigo Danielita, todo esto de los fantasmas?, ¿porqué vengo a hablar de tu uniforme de escuela?. Pues bien, el amor, tal como lo aprendimos todos, como se supone que es, o como debería ser, en mi cabeza desprovista de ilusiones, no existía, o sea, me explico, cuando era niño y sucedía todo esto preciosa, o sea, con mis súper catorce años con pretensiones Don Juanescas, yo pensaba que el amor era mentira, sentía que era un invento, al puro estilo "dios existe y nadie puede decir lo contrario", y además, creía contar con suficiente experiencia en amores, como para comprobar que, en efecto, el amor no era verdad...... .........
Pronto regreso a ese tema chiquita bonita, solo regáleme un poco de tiempo para poder inventarme bien lo que le voy a contar, pues no quiero que se enoje conmigo... Aunque pensándolo bien, quien sabe, a lo mejor y la rabia puede hacer que sus ojitos vuelvan a abrirse para que yo entre en ellos otra vez...
De su primer "saludo", esas palabritas lindas que intentaban esconder lo que en realidad sus ojos me intentaban decir, a la siguiente vez que me miraste, pasó una semana más o menos, es decir, cada día te miraba yo pues conocía el camino que recorrías cada mañana para ir de tu casa hasta la escuela, y yo, como perro de la calle (según mi mami) esperaba estratégicamente ubicado a que unos cinco minutos antes de las siete de la mañana, tu aparecieras como un ángel que llegaba a despertarme completamente (pues mi sueño se mantenía conmigo hasta bien entrada la mañana).
Y ahí estabas, cada día, casi atrasada, casi mía, y muy enamorada de mis ojos pero no lo sabias aun, ahí estabas caminando, cargando tu maleta comprada en la ciudad, exhibiendo tus medias blancas hasta el final de la pantorrilla casi tan blanca como las medias, exhibiendo tu faldita, más arrugada que plisada, igual blanca, y la camisa, más blanca que todo el resto, y el rojo, el chaleco y el saco, y la franja en los zapatos, el blanco y el rojo, eso eras mi Danielita en esos días que tu no me mirabas mirarte. En esos días que me amabas aún sin saberlo, y sin querer saberlo.
Rojo y blanco, apuro y cara de sueño y frío, siempre con frío, siempre con sueño mi amor, y no me mirabas, ni sabías que te miraba, y cuando esa voz te decía que yo estaba por ahí, solamente no le hacías caso, y seguías caminando, hasta que el portero de la escuela hacía las señas habituales para anunciar a todas las niñas que llegaban más o menos a la misma hora, que la puerta estaba a punto de cerrarse, entonces empezabas a correr, siempre la última cuadra era con tu carrera pequeñita que terminaba de despertar tu lindura pues sonreías al correr.
Decía que una semana después de la primera vez, en tu tienda, o de tus papis, o en el restaurante (¿qué dije que era?), en fin, no importa el lugar, lo importante era que nos separaba un mostrador, y nuestras almas que querían fundirse en un abrazo eterno desde esa tierna edad no podían hacerlo, pues el mostrador era muy alto, y tu actitud era un poco indiferente, (un poco de piedad con mi corazón que hubiera querido morirse después de mirarte) por no decir otra palabra, llena de armas atómicas, más grande y fea que indiferencia.
Una semana después de ese primer encuentro, estaba yo, igual de bien ubicado en la misma esquina de siempre, en la que no podías verme y desde la que yo podía mirarte con total tranquilidad, y desde la que iniciaba mi seguimiento romántico, donde solo buscaba grabarme en mis ojos cerrados tu caminar apurado y de pasos chiquitos y rápidos.
Me grabé, por supuesto, hasta ahora podría, si quisiera, imitar tu caminar. (a lo mejor si te imito, tu te molestas conmigo como siempre que lo hacías, y para tratar de pegarme aunque termines besándome, te despiertas... ¿será?, ¿lo intento?, ¡abre tus ojitos!...). me grabé tu caminar decía, y lo importante de ese día no fue eso, porque eso lo hacía cada día, y lo último que diré sobre eso es que la calle Restauración y la calle Vargas saben de lo que hablo, y la escuela R.C.T. sabe cuantos suspiros iban detrás de ti cuando era solo tu espalda lo que miraba, una vez que el portero terminaba de cerrar la puerta, y yo podía, sigiloso, caminar y acercarme lo suficiente como para observar hacia dentro de tu escuela...
Lo importante era, y no vuelvo a distraerme con otros temas, que ese día, una semana después de que en tu restaurante me miraste con amor, muy bien disimulado, nos vimos de nuevo. Mi escondite falló, tuve un descuido y permití que tus ojos taladraran mis defensas, me confié por ser experto en el sigilo diariamente practicado, y mi exceso de confianza significó que calculara mal los tiempos y que cuando según yo, tu debías estar recién saliendo de casa, aparecieras por la misma esquina de siempre, sorprendiendo mi preparación.
Fue un lunes, y el rincón de siempre me esperaba, con los mismos malos olores de cada vez, y cuando estaba por llegar, o sea aún, en "terreno visible" observé con fastidio que mi pie derecho arrastraba el cordón del zapato, entonces solo me agaché y empecé a amarrarlo como siempre, aprovechando que en mis cálculos tu debías estar lejos todavía.
El proceso de amarrado de uno de mis zapatos que insistía en zafarse a cada momento (desde ahí aprendí a hacerlo con doble nudo, casi infalible como lo he comprobado hasta hoy) terminaba al instante, pero ahí, aun agachado, levanté mi mirada y sin saber si mi muerte era la que llegaba con esa sensación de mariposas en el estómago, o si era el anuncio de mi verdadero nacimiento, o si era que dios si existía y mandó a su más bello ángel a darme una lección, o si las navidades que me quedaban debiendo regalos habían juntado esfuerzos para sorprenderme de una vez, o qué se yo, lo cierto es que mientras pensaba eso, pasaste por mi lado, y me miraste, y no se si te pareció patéticamente graciosa mi imagen (agachado, inmóvil, sosteniendo los cordones del zapato equivocado -pues hace poco había amarrado el que necesitaba ese servicio- ya que en mi intento de disimular, y sin conciencia de ello, había cambiado de pierna), o si tu sonrisa significaba que por fin te había inspirado algo diferente a lo de la primera vez, o si, reconociste en mi mirada algo de lo que mi cuerpo niño estaba sintiendo, o si algo de la mujer que escondías me reconoció y habló por tus ojos, por solo unos segundos.
Pues bien, este capítulo habla de tu mirada porque es verdad que para mi todo cambió desde ese día, más de lo que había cambiado todo la vez que entré en tu restaurante y solo me "mataste con la indiferencia", casi matándome en el intento de verdad.
Decía, antes de acordarme de un coronelito, que desde esta vez que me encontraste con las manos en la masa, y con mi posición de agachado, sosteniendo unos cordones que no necesitaban ser juntados, pues lo estaban ya, todo cambió de verdad.
No podía despertarme un día sin que sintiera con la fuerza de un huracán, la necesidad de buscar esa mirada, esa sonrisa, y no había fuerza humana, que lograra borrar mi sonrisa de idiota en todo el día, cuando algo de este día se repetía, es decir, si me mirabas de nuevo, o si sonreías de nuevo, o si, como sucedió un día, me dirigías la palabra... Es que cuando pasaba algo así, el mundo era azul, y la alegría de mi niñez, incomprensible para mis papis y compañeros, se mantenía hasta la noche cuando en vez de ovejas, debía contar suspiros, para poder dormir...
Y bueno, ¿qué tiene que ver esto, con la pornografía?... Pues bien, nada supongo, o mucho, lo que pasa es que mi pensamiento sobre el sexo y mi pensamiento sobre el amor se separaron en esos momentos. El sexo: la pornografía que era abundante y variada, si es que se puede dar el nombre de variada a algo tan repetitivo, y el amor: El amor eras tu. Tu, Danielita blanqui-roja, tu eras el amor, tu, Danielita de pasos rápidos, chiquitos y con frío, tu eras el amor, nadie más, nada más. Tu, Danielita mía que me amabas de siempre aunque no lo sabías, tu eras el amor, tu eres el amor aunque ahora no quieras abrir los ojos, tu eres amor, el amor.
El amor solo existía porque existías tu, y todo el resto, pero de verdad todo el resto (dejando a un lado el amor a la familia y el amor a los amigos)todo el resto era cualquier cosa, no poco importante, es verdad, pero no era amor. No es amor.
Perdona que me haya tardado tanto en publicar este capítulo preciosa, pero la semana que pasó fue un poco estúpida, y como dice el viejito-lindo que escribía amor, "la asquerosa y brutal puntualidad de la muerte", trastocó mi propósito de dejar esto varios días antes... Yo se que tu, aunque no abras los ojitos-sol que iluminan mi vida, compartes los minutos de silencio por la Tránsito, (¿te acuerdas todo lo que nos decía, cada vez que la veíamos?, ¿te acuerdas que triste alegría era ir a verla?... Mejor despierta amor, despierta ya... No te grito, solo te pido, despierta ya... )
Y se, que compartiste los minutos de silencio por el viejo-lindo benedetti (con minúsculas porque era tuyo, tuyito)... No te digo más... No puedo por ahora...
Donde antes no había carros y hoy casi no queda gente, sudamerica, Ecuador
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